¿Blanco o negro?

¡Por Dios, la especie humana es una sola!

‘O Rei Pelé’, el único jugador tricampeón mundial de fútbol.
Édgar Rentería, primer colombiano campeón en las Grandes Ligas

Por Fausto Pérez Villarreal.

La imagen George Floyd, un afroamericano de 46 años, tendido en el pavimento en completa indefensión, con la rodilla izquierda del expolicía de Mineápolis Derek Chauvin, presionando el cuello con fuerza y odio, ante la mirada cómplice de tres agentes, sintetizó en los casi nueve minutos de duración, la abominable práctica del racismo, xenofobia y abuso de autoridad que aún persisten en diferentes lugares del planeta.

El hecho, acaecido el 25 de mayo en el vecindario de Powderhorn, Minesota (Estados Unidos), provocó la muerte por asfixia de Floyd, exguardia de seguridad de un restaurante, y en una pausa en medio de la pandemia del coronavirus levantó multitudinarias manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial. Las protestas se extendieron a otras ciudades.

Esa acción, deplorable desde todo punto vista, invita a reflexionar en torno a los prejuicios establecidos por la sociedad, que van contra natura de la especie más avanzada que habita el planeta, en la que no se habla, de blanco, negro o amarillo, sino de homo sapiens o simplemente especie humana.

Si bien el color de la piel es un asunto que a muchos les quita el sueño, en el deporte esa circunstancia nunca representó obstáculo alguno en el momento en que los competidores dirimieron fuerzas para acceder a lo más alto del podio y levantar el brazo en señal de triunfo. Porque, al fin y al cabo, el deporte no distingue grupos étnicos, religiones, culturas ni establece diferencias idiomáticas. Y los ejemplos pululan por doquier.

A la memoria acuden, como en proyección cinematográfica, los recuerdos de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, antesala de la Segunda Guerra
Mundial, cuando Jesse Owens, un negrito en representación de Estados Unidos, hirió el orgullo de Adolfo Hitler, en sus propias narices, al ganar cuatro medallas de oro, con récords incluidos, en las pruebas de 100 y 200 metros; el salto de longitud y la carrera de relevos 4×100. Fue tal la frustración del Führer, que antes de que se diera inicio a la ceremonia de entrega de medallas, abandonó, raudo y descompuesto, el estadio para así evitar saludar a Owens, quien había hecho añicos su utópica convicción de
la superioridad de la raza aria.

También desfilan las mágicas imágenes del negro Pelé, proclamado el rey del fútbol, luciendo el número 10 en la espalda, ganando con la Selección Brasil tres Copas Mundiales, hazaña no igualada por mortal alguno. Y qué de decir de Cassius Clay medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960, y más tarde convertido al islam, y bautizado Muhammad Ali.

Tras conquistar el campeonato mundial de los pesos pesados, las autoridades estadounidenses le retiraron su licencia como boxeador y el título de campeón del mundo por negarse a prestar el servicio militar y combatir en la Guerra de Vietnam. Ali se mantuvo fiel a sus convicciones: “Yo, siendo negro, no voy a matar amarillos en representación del blanco”. Años después, Ali regresó al pugilismo y volvió a reinar

El golf, deporte de élite, dominado por blancos, tuvo durante más de una década, entre 1997 y 2008, como amo absoluto un hombre ‘de color’: Tiger Woods, pentacampeón en el Masters de Augusta, tricampeón en los Abiertos Británicos y de Estados Unidos y tetra campeón de la PGA, entre otros torneos.

Y el tenis, durante muchísimos años reconocido como el deporte blanco, tuvo también por espacio de diez años no una, sino dos reinas negras indestronables: las hermanas Venus y Serena Williams, afroamericanas ambas, con 22 títulos jugando en parejas, entre ellas tres medallas de oro en los Juegos Olímpicos, en un hecho sin antecedentes en la historia. Así mismo, de manera individual, las hermanas impusieron su hegemonía: Venus, con 49 victorias en importantes torneos, y Serena, con 23.

La superioridad de la raza negra en el deporte no ha sido ajena a nuestro país: con sus puños, disciplina y enjundia, Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’ no solo alcanzó para Colombia el primer título mundial, sino que además obtuvo el privilegio de ser catalogado el más grande welter junior de la historia.

Pambelé dejaría abiertas las puertas para que otros compatriotas se arroparan de gloria, en entre los que se recuerdan los también boxeadores negroides Rodrigo Valdés y Fidel Bassa, y el beisbolista barranquillero Édgar Rentería, dos veces campeón en las Grandes Ligas. Ciertamente, los ejemplos en el deporte, de auténticos héroes de piel oscura que dejaron una huella indeleble, sobresalen a la luz de los ojos, y nos evidencias que, en el campo competitivo no hay distingo de color de la piel.

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