Aníbal Velásquez, el guarachero que nunca pasa de moda

Más vigente que nunca está Aníbal Velásquez, el indestronable rey de la guaracha en acordeón en Colombia, quien celebra su cumpleaños número 82 y su vida está emitiendo el canal regional Telecaribe en una serie de 20 capítulos

Por FAUSTO PÉREZ VILLARREAL.

Pero eso no es todo. Por estos días, Aníbal viajará a Europa con el propósito de ofrecer conciertos en varios países entre los que se destacan Alemania, Grecia, España, Bélgica y Holanda.

“Como quien dice, estoy como el vino: entre más viejo, más bueno. Sigo de moda. Estoy más vigente que nunca”, señala Aníbal y suelta de inmediato una estentórea carcajada.

Hemos visitado al diestro acordeonero en su residencia, ubicada en el bullicioso barrio Ciudadela 20 de Julio, de Barranquilla, a menos de 400 metros de la tribuna Occidental del estadio Metropolitano Roberto Meléndez.

Su casa, con la nomenclatura 46-52, es de tres niveles; está en mitad de la cuadra y tiene un encerramiento de rejas metálicas pintadas en negro y dorado, en sus tres pisos. Desde la tercera planta de la casa, en la que se encuentra el comedor y hay un pequeño patio, se divisa el parqueadero del estadio de fútbol.

“Aquí me refugio de la bulla dominical, sobre todo cuando juega Junior. Aquí nadie me molesta”, agrega.

Aníbal no desaprovecha el diálogo para referirse a José ‘Cheíto’ Velásquez, su hermano menor; corista, cantante, músico y compositor, autor e intérprete de ‘Alicia la flaca’.

“En el crecimiento de mi carrera artística ha sido vital mi hermano ‘Cheíto’ Velásquez con su canto, sus composiciones y su acompañamiento como cajero y guacharaquero. Ante él me quito el sombrero. Estoy complacido de que este homenaje vaya también para él”, agrega Aníbal.

¿Y dónde está el secreto para conservarse en buen estado cercano a los 82 años?

Aníbal responde sin vacilar: “No hay secreto: llevo una vida sana, no como carne; me alimento con pescado de mar, estoy alegre todo el día, y bebo mucha agua”.

Aníbal Velásquez tiene la fama y el prestigio de un músico fértil, completo, dinámico, de gran carisma y de interminable vigencia. El extenso camino que ha recorrido durante décadas da fe de ello.

Su abundante repertorio de canciones pegajosas, amenizadas con las inconfundibles notas de su acordeón –su fiel instrumento de batalla- ha sido disfrutado y bailado con frenético entusiasmo por los melómanos de Colombia y el exterior en los últimos 60 años.

‘El turco perro’, ‘Guaracha en España’, ‘La brujita’, ‘Mambo loco’, ‘El rayador’, ‘Déjala que sufra’, ‘Mejor para ti’, ‘El perro de Juanita’, ‘Alicia la flaca’, ‘Un poquito de cariño’, ‘Cinco pa’ las 12’ y ‘El profesor zorro’ son apenas algunos títulos de las decenas de canciones, suyas y de otros compositores,  que estacionaron en el tiempo su voz y las notas de su acordeón, y que no paran de sonar desde su aparición. Son piezas que no lo dejan pasar de moda. Lo mantienen activo, con protagonismo único, en los sitios de preferencia del gusto popular, donde la nostalgia tiene su imperio indestructible.

“Todo obedece a que mi música tiene un swing particular, un ‘sucundún’ que contagia. Mi música se vende sola. Yo no necesito pagar ‘payola’ para que mis canciones sean programadas en la radio. Sencillamente gustan por mi manera de cantar, de tocar el acordeón, por la armonía de mi conjunto y ya”, me dijo Aníbal Velásquez cuando le dábamos los retoques a su biografía, ‘El Mago del Acordeón’, que sería publicada en 2012 por el sello editorial de La Iguana Ciega, del judío Samuel Minski.

Al escuchar los cantos de Aníbal Velásquez, al melómano no le queda más que dejarse seducir por su sabor y buscar pista para bailar o, en el peor de los casos, taconear en solitario al compás del ‘resongar’ de su acordeón.

¿Y cuál es el principal aporte que Aníbal Velásquez le dio a la música popular del Caribe colombiano? Veamos:

Aníbal logró incorporar al pentagrama nacional toda suerte de ritmos locales, regionales, nacionales e internacionales, en un estilo propio que se inventó y denominó guaracha. Pero como él bien lo explica, la guaracha suya era diferente a la cubana, también alegre y bailable, que después evolucionaría y recibiría el nombre de salsa.

La propuesta de Aníbal era una genuina novedad, jamás tocada en nuestro medio. Y fue ese su principal aporte: haber creado una expresión generadora de música que le daría una nueva visión rítmica y melódica al acordeón, ese instrumento menospreciado por la alta sociedad de la época, debido a su naturaleza provinciana, agreste. El sonido de Aníbal fue más urbano.

Aníbal abrió el acordeón al baile, contrapuesto a la escuela vallenata, cuyas canciones en primera instancia fueron concebidas para que se escucharan.

Sin ningún tipo de desparpajo, sin respetar etiquetas y teniendo en cuenta a los defensores de la diversidad en lo que respecta a la música de acordeón, Aníbal demostró que ese instrumento podía producir música diferente al paseo, al son, al merengue, a la puya y a la cumbia. “Lo que se toca con acordeón también es digno de ser aceptado en todas las clases sociales”, era la consigna del gran Aníbal Velásquez. Y a fe que lo cumplió. Por eso tiene un sitial de honor, inamovible en la galería de los grandes exponentes de la música popular de este país…

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