El impacto de la no celebración del Carnaval 2021.

No hay carnaval, por favor no insista…
…bueno si hay; pero no presencial

Por Guillermo León Pantoja

Como era de esperarse, debido a la pandemia el Carnaval de Barranquilla 2021 no será celebrado físicamente; es decir, los eventos multitudinarios que usualmente acostumbramos ver en esta exuberante fiesta no podrán realizarse por las medidas de distanciamiento social que implica la lucha contra el coronavirus. Esto es inexorable; toda vez que, en el muy improbable caso de que la vacuna contra el covid-19 esté desarrollada y disponible para el mes de febrero de 2021, ni los tiempos, ni la logística, dan para que la misma sea distribuida e inoculada justo antes de la fecha en la que corresponde el inicio de la fiesta popular más importante del país.

Las autoridades, como para amortiguar un poco la impopular medida y atenuar de alguna manera el malestar que tal decisión pudiera causar en la población, hablaron de ‘aplazamiento’ del carnaval, pero todos sabemos que es prácticamente imposible realizarlo de la manera en la cual lo adelantamos tradicionalmente.

La nueva normalidad deja un solo escenario posible para la celebración del Carnaval 2021 y este es mediante la virtualidad, pero cuesta hacerse a la idea de saborear desde nuestros hogares y sin tropelías, una fiesta típicamente llena de excesos como lo es nuestro carnaval en Barranquilla que, por cuenta del coronavirus, festejaremos este 2021 alejados del roce callejero, del goce tumultuoso, de ese apretujamiento y manoseo musical que envuelve naturalmente al desorden público organizado que denominamos carnaval.

No pocos gestores culturales y actores del carnaval señalan algunas actividades que podrían ponerse en práctica encaminadas a la preservación de la tradición carnestoléndica, como es el caso del Concurso de Fachadas del Carnaval, un proyecto del rey momo 2020, Alcides Romero, cuya genial iniciativa tiene algunos lustros pero que tiene ahora la oportunidad de oro para concretarse y popularizase con la ornamentación generalizada de las viviendas, utilizando para ello los particulares elementos tradicionales de nuestras carnestolendas.

Y es que estamos hablando de una especie de catarsis regional que implica no solo el desfogue popular en medio de la febril fiesta que se prolonga por al menos cuatro días, sino de la economía que se genera en torno al carnaval que no es para nada desdeñable. Si aún no se ha detenido a pensar en las implicaciones económicas de la ausencia del carnaval el año entrante fíjese en los numeritos que les dejo a continuación.

¿Cuánto cuesta y cuánto deja el carnaval?

Hacer el carnaval de Barranquilla cuesta, según cifras del 2019 unos 20 mil millones de pesos e incluye una preparación permanente durante los 365 días del año. De acuerdo a un reporte de la Cámara de Comercio de Barranquilla concerniente a los carnavales del 2017, esa instancia señalaba que las fiestas tuvieron ese año un impacto económico en la ciudad que supera los 61 mil millones de pesos, pero esa medición únicamente reflejó los 4 días del carnaval dejando por fuera el denominado ‘precarnaval’, que en ocasiones suma hasta 40 o más días, con la realización de eventos que entrañan también gran inversión y recaudo, por lo que aplicando un estudio mucho más exhaustivo, podrían elevarse exponencialmente las cifras de inversión y ganancias de esta generosa rumba, al sumar el precarnaval y el carnaval como tal.

Tradicionalmente los sectores de hotelería y comercio son los que mayormente vienen robusteciendo sus finanzas gracias al carnaval, y serían ellos los que más se verían afectados, seguidos muy de cerca por la industria cultural de Barranquilla, que en esta oportunidad sufrirían un fuerte revés. De hecho esta última se ha convertido en el más vívido ejemplo nacional de ’economía naranja’ y se vería terriblemente afectada con la no celebración en 2021 del carnaval, afectando directamente a miles de hacedores, desde aquellos artistas que elaboran las carrozas, los atuendos y las artesanías tradicionales de este jolgorio, entre otros, como también coreógrafos, bailarines, miles de músicos y todos aquellos que han hecho del carnaval un curioso pero legítimo modo de vida.

Según una encuesta del SITUR, Sistema de Información Turística del Atlántico cerca de $215.000 millones sería el gasto total de los espectadores locales, mayores de edad durante la festividad. El reporte indica, de igual manera, que el 74,6% de los barranquilleros o habitantes del área metropolitana de esta ciudad, asiste al menos a uno de los eventos de precarnaval y Carnaval de cada año. De manera que estamos hablando de casi un millón de personas, sin contar a los habitantes del resto del Atlántico que no figuran en el estudio, lo que refleja el descomunal golpe
que, la ausencia en 2021 de las carnestoléndicas, implicaría para la economía formal e informal de todo el departamento.

De manera que no es fácil anunciar la suspensión del evento y por ello hablamos ‘eufemísticamente’ de su aplazamiento, cuando sabemos a
ciencia cierta que será prácticamente imposible su celebración en los términos y condiciones naturales.

Aunque hay mucho de por medio y va más allá de la tradición, hablamos de recursos financieros que se verán dramáticamente disminuidos con la prohibición. Esta sería la primera vez en la historia del Carnaval de Barranquilla que estas fiestas -consideradas por la UNESCO obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad- no se celebran de la manera acostumbrada, es decir con eventos multitudinarios y maratónicos.

“Pero ya habrá la oportunidad de volver a las calles a disfrutar del mismo, una vez termine la pandemia”, así lo entienden y lo aseguran los hacedores de estas fiestas a quienes no les corresponderá más que darle al país, como siempre lo han hecho, un ejemplo de grandeza cultural adaptándose, por ahora, a lo que nos permite el bendito coronavirus.

Por cierto, algunos médicos y especialistas aseguran que el coronavirus llegó a este lugar del país este mismo año, mucho antes que apareciera en Bogotá.

Dicen que venía vestido de turista y que llegó directamente al aeropuerto Ernesto Cortissoz para enfundarse un disfraz de monocuco, con el febril deseo de disfrutar de una de las fiestas folclóricas más importantes y vistosas del mundo como lo es el carnaval en Barranquilla. ¿Qué nos dejó a todos hechos una marimonda? Ya eso el tiempo y la historia lo confirmaran.

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*