Adaptarnos para sobrevivir al coronavirus

Por: Guillermo León Pantoja

Si ese pequeño porcentaje de la población, que aún no se ha percatado de lo dramática que es para el Atlántico la situación frente a la pandemia, no cambia de inmediato y de una vez por todas- su actitud frente a la tragedia que estamos viviendo, continuará creciendo exponencialmente nuestra contribución al saldo mortal del coronavirus en Colombia.

No hay tiempo, ni manera alguna, de escapar a la realidad, hay que enfrentarla. Para ello debemos observar un aspecto fundamental y no
es más que la capacidad de adaptación que, con sus diferencias y desigualdades tiene la mayoría de la gente.

En tal sentido, si nuestros hijos estudian ahora vía internet; si un enorme porcentaje de la fuerza laboral colombiana trabaja hoy desde su casa y si la virtualidad es ya una realidad en nuestros hogares, estamos en la ruta de la supervivencia. Si hemos llegado a eso, y en pocos meses hemos cambiado paulatinamente nuestros hábitos, seguramente quienes aún no lo hayan hecho entenderán que esta pandemia al menos hasta que aparezca una vacuna eficaz y seamos todos inoculados con éxito- nos cambió la vida íntegramente y debemos dejar de comportarnos como si nada estuviese pasando.

Esto incluye desligarse, por ahora, de actividades y posturas culturales que hacían parte de nuestra idiosincrasia y cotidianidad condicionando nuestra conducta, pero que hoy lamentablemente se han constituido en eventualidades factores de riesgo para nuestra salud y la de los nuestros.

Acciones tan sencillas y placenteras como la bacanidad de patear un balón bajo la lluvia o bañarse bajo la misma, como alguna vez hemos hecho casi todos en nuestra hoy amenazada existencia, deben ser proscritas momentáneamente de nuestra nueva forma de vida, al igual que las reuniones con amigos y familiares para festejar cumpleaños y fechas especiales.

Es que ya no nos podemos siquiera permitir algo tan usual como el acostumbrado estrechón de manos, mucho menos el afectivo beso en la mejilla.

Es una actitud que nos permitirá la supervivencia. Pero cuán difícil es para
nuestra especie y mucho más para la cultura soledeña, fiestera, descomplicada y afable a toda hora.

¿Qué si volveremos a ser los mismos después de esto? No lo sabemos, lo único que está claro es que todos debemos adaptarnos, aún siendo costeños e incluso a pesar de ello.

Sin notificarnos siquiera, esta contingencia nos empujó a un mundo digital y no hay más remedio que bañarnos en él, tal y como lo hacíamos antes, con los aguaceros.

Toca patear el balón, aún bajo una lluvia de incertidumbres. Porque es el momento de sobrevivir junto a los nuestros. Nadie nos educó para enfrentar una pandemia, así como ningún gobernante lo tenía en su plan de gobierno, pero toca hacerlo, aprender y cambiar rápido, para ayer.

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