Mi abuelo, la pesca y el mercado: Vivencias, recuerdos y nostalgias venidas del ayer

Por Manglio Bovea Orozco.

El Mercado Público de Soledad representa para este municipio con más de doscientos años de haber sido erigido en Villa, todo un referente para aquellos que se han dedicado a plasmar a través de la tradición oral, los recuerdos del ayer y lo influyente que este sitio ha sido históricamente y culturalmente, todo un punto de partida para el crecimiento comercial, económico y social de la localidad.

El Mercado aún hace parte de ese inventario costumbrista de donde se desprenden historias fascinantes que acompañaron durante años a nuestros viejos; recreando sus vivencias alrededor de la pesca que, en épocas de subienda, sembraron en la memoria de quienes las experimentaron, razones para querer la tierrita, porque la misma les daba para comer y para vivir, acompañado de ese sentimiento arraigado al campo, con el olor fresco de las verduras y vegetales, así como el melódico canto con el que coloridas aves adornaban paisajísticamente su entorno.

Mi abuelo, Efraín Orozco Mejía, un campesino y un pescador de oficio y vocación que dejó de existir hace más de una década, me contaba entre sus relatos y vivencias, que la pesca era su vida, que la siembra su pasión y que el orgullo de ser campesino lo llevaba siempre dentro y fuera de su piel cobriza, como una fuerza inherente y propia del sentir del hombre que ama su tierra.

Deshojó más de noventa calendarios de su vida y en cada uno de ellos, siempre visitó, trabajó y comió del río y del mercado. Lo recuerdo como un hombre fuerte, robusto y con un espíritu noble, característico del hombre caribe que vive del campo.

Sus manos y piernas eran rusticas con cicatrices propias de los quehaceres y de las especies del río, que para siempre dejaron una huella en su piel. Sus jornadas terminaban con la puesta de sol y entrada la noche le veíamos tejiendo la atarraya, su compañera inseparable.

Colgándola sobre una viga del techo de su casa, preparaba lo que sería una nueva jornada que iniciaba con el alba. Al caer la noche y con su inseparable cigarrillo “Piel Roja” en sus labios, me contaba las historias del día a día, esas mismas que hacen parte hoy del imborrable y nostálgico recuerdo de mi abuelo, del río y del mercado.

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