‘A pilha la roz’ y ‘La mujer ajena’ son dos cosas buenas

*Tomado de Www.radionacional.co

Por: Jimmy Andrés Cuadros Rojano.

A principios de la década del 80, cuando los habitantes de San Pablo (Bolívar) vieron salir a cinco muchachos con sus instrumentos musicales al hombro y les escucharon decir que iban a Barranquilla a grabar, les dijeron que estaban locos.

Años después, esos mismos vecinos incrédulos bailarían en aquellas calles arcillosas, a pleno sol o bajo la luna clara, ‘El pollerón’, ‘El son regalando flores’, ‘A pilha la roz’, ‘La mujer ajena’, entre otros temas que se convirtieron en éxitos de las Fiestas Novembrinas de Cartagena y los Carnavales de Barranquilla.

Lejos de cualquier resentimiento por las pocas muestras de apoyo, la agrupación, orgullosa de sus raíces, quiso enaltecer el nombre de su pueblo. Por eso se hicieron llamar Conjunto Son San, para dejar claro que eran de San Pablo, corregimiento de Marialabaja en el que nacieron arrullados por bullerengues, cumbias y chalupas.

Así lo explica Joaquín Fernando Pérez Acosta, su creador y director, quien con 64 calendarios deshojados aún conserva la potente voz con la que interpretó, entre otras, ‘Mangaina vae ya’ (‘Gallina corriendo’).

Fernando –como siempre lo han llamado- es arreglista, cantautor y guitarrista. Este instrumento lo aprendió a tocar solo, en los tiempos libres que le quedaban en el taller automotriz en el que trabajaba como mecánico en Barranquilla. Por eso no es coincidencia que tanto ‘La mujer ajena’ como ‘A pilha la roz’, y otros números más del conjunto, empiecen con casi los mismos acordes de sus cuerdas.

“Nací en San Pablo, pero me vine para Barranquilla muy joven. Unos amigos, que tengo años que no veo, se ponían frente al taller con una guitarra y yo me hacía con ellos. Cantábamos cumbias, porros, pero a mí me gustaban eran las baladas de José Luis Rodríguez. Luego me abrí porque sentí que no era mi estilo. Fui buscando el mío”, dice Fernando.

Poco tiempo después y con algunos ahorros, Fernando pudo comprar unas tumbadoras, una guacharaca, un cencerro y una guitarra eléctrica. Los subió a un bus y se regresó a San Pablo a buscar músicos para conformar su banda.

“A algunos ya los conocía, porque andaban tocando vallenato. Yo los llamé, estuvimos hablando, les conté mi idea de hacer un conjunto de pocos integrantes. Llegamos a un acuerdo y empezamos a ensayar para definir qué tipo de música íbamos a hacer”, relata Fernando.

Aquellos primeros integrantes, que empezaron en 1981 junto a Fernando Pérez la aventura del Conjunto Son San, fueron Salvador Valdez, que tocaba la tumbadora; Apolinar Valdez, guacharaquero y vocalista; Rafael Betancourt, que era vocalista y tocaba la clave y Víctor Valdez, cantante principal.

Fernando aclara de inmediato que lo que interpretaban –y aún interpretan, porque el Conjunto Son San sigue en pie, aunque con otros integrantes- no era champeta, “sino un estilo caribeño, que en los tiempos que grabábamos se conocía como música tropical, pero le metíamos cumbia, bullerengue”.

El picotero, coleccionista e investigador musical barranquillero, Carlos Mario Mojica, quien en redes sociales usa el nombre de Don Alirio, excelso conocedor de ritmos afrocaribeños, tampoco se atreve a descifrar o definir qué ritmo tocan o en qué genero encasillar al Conjunto Son San.

 “A ellos internacionalmente los ponen como afrobeat, por los beats que usan. O tropical funk, para que los extranjeros sepan que usan algunos beats de las guitarras funk. Es un afro-roots, un sonido bien san pablero, palenquero. Si nos ponemos a ponerle etiqueta o a clasificarlos, nos complicamos”, asegura Mojica.

La clave de ese sonido particular – a juicio de Fernando Pérez- fue siempre tratar que las cumbias y los bullerengues, ritmos que corrían por su sangre, encajaran siempre con su inseparable guitarra.

Y así, con esa idea musical, partieron de San Pablo rumbo a Barranquilla en 1982, aquel día en que algunos san pableros los llamaron “locos”.

‘A pilha la roz’, el primer éxito

Entre los ensayos en San Pablo y su trabajo en Barranquilla, Fernando tocó puertas para grabar su música. Una de las que se abrió fue la de los estudios de Felito Records, disquera independiente de Félix Butrón, uno de los grandes mecenas de la música caribeña, pues en su firma se contaban por aquel entonces artistas como La Niña Emilia, Adolfo Echeverría, Abelardo Carbonó, entre otros.

Entre 1982 y 1983, Felito publicó un compilado en vinilo que se tituló ‘Cógeme la caña’, con artistas variados como Morgan Blanco y su conjunto, Los Alegres del Ritmo, entre otros.

En ese variado se prensó, por primera vez, el nombre del Conjunto Son San en un trabajo fonográfico. Los de San Pablo debutaron con la canción ‘Mamaembe’ (en lengua palenquera), de la autoría de Fernando Pérez y cantada por Víctor Valdez y… ‘¡A pilha la roz!’.

Esta última canción, conocida por algunos como ‘Lloro yo’, en realidad se iba a llamar ‘Güetepié’, pero finalmente, al momento de terminar el compilado, fue bautizada con su nombre universal.

Fernando Pérez cuenta que él y su conjunto creían que el éxito iba a ser ‘Mamaembe’, a la que le estaban metiendo toda la ficha para el debut fonográfico.

“Cuando ellos (los integrantes del conjunto) llegaron a hacer esa canción, estábamos pendientes de ‘Mamaembe’, que ya la teníamos ensayada. Yo entré a analizar la guitarra, de lo que uno sabe, al día siguiente entonces dije que se iba a decir así: ‘Güetepié, güetepié’, y ellos me respondían: ‘con las manos y con los pies’”, indica Fernando. 

Para el maestro, los cinco integrantes del Conjunto Son San fueron artífices de la canción, cada uno aportó su granito de arena. Sin embargo, la mayoría decidió que se pusiera a nombre de Víctor Valdez, lo que ha generado algunos inconvenientes por derechos de autor.

Esta pieza musical recoge el acervo cultural de los pueblos bolivarenses y la herencia africana, porque habla de la coronación de los muertos y de pilar el arroz, práctica muy común en esos pueblos a mediados del siglo XX. Para poder cocinar el cereal, debían descascararlo dándole golpes en el pilón.

Aquel oficio, cuando era encomendado a los niños, los hacía sufrir, porque suponía una ardua tarea. De ahí viene el estribillo “lloro yo”.

El éxito de la canción se debió –además del sabor del conjunto- a la interpretación magistral del saxofón que hace unos solos memorables e irrepetibles.

No son muchos los que saben que el saxo, en esa grabación, fue interpretado por el abogado y gran saxofonista y clarinetista Basilio Eliseo García Corena, o simplemente Eliseo García, nacido en Sahagún (Córdoba) y quien se paseó por el mundo integrando afamadas orquestas como las de Joe Arroyo, Pacho Galán, Lucho Bermúdez, entre otras.

“Nosotros grabamos la pista y las voces y nos fuimos para San Pablo. Faltaban unos arreglos, los pitos y el bajo, don Félix se iba a encargar de eso”, rememora Fernando.

Eliseo García recuerda que recibió una llamada del maestro Hugo Molinares –bajista de esa pieza y de ‘La mujer ajena’-, quien en ese entonces trabajaba con Felito Records, para grabar un tema.

“Cuando llegué, mientras armaba el saxo y lo afinaba, pusieron la pista. Entro a la cabina, le pido la partitura a Hugo y me dice que no hay, que tocara lo que quisiera. En las grabaciones siempre se repite algo, pero eso se prendió y empecé e hice toda esa parte en una toma, ni yo mismo sabía qué era lo que iba a grabar”, recuerda Eliseo. 

“Empecé a crear esa melodía, que tiene un tono complicado, está en Re mayor para el piano, entonces queda en Si mayor para el saxofón alto. Hugo me hacía señas cuando iba la voz y fíjate que salió muy bien. Es una verdadera improvisación. Si me hubiesen dicho que la hiciera otra vez, hubiese tocado otra cosa”, asegura el saxofonista.

En aquella época, las disqueras en los empaques de los vinilos brindaban muy poca información de los músicos que participaban en las grabaciones. Por eso el nombre de Eliseo García no apareció.

Sin embargo, su saxofón contagió tanto a melómanos y rumberos al punto que Felito Records, dos años después, en 1985, publicó otro variado o compilado en el que incluyó nuevamente ‘A pilha la roz’ del Conjunto Son San. En esa producción, titulada ‘La Pelea’,  participaron La Niña Emilia, Dolcey Gutiérrez, entre otros.

‘La mujer ajena’ trajo cosas buenas

Con el primer éxito sonando con firmeza en las emisoras y sitios de diversión, el Conjunto Son San se aventuró, ahora sí, a grabar un elepé con el respaldo del mismo sello discográfico. Fue en 1985 y se tituló ‘El pollerón’, nombre de la canción de Esnelda Teherán –ya fallecida-, la voz femenina que recientemente había entrado a la agrupación por recomendación de Rafael Betancourt.

“Yo no quería que ella entrara y Víctor tampoco, porque su voz era muy fina para las nuestras. Cuando ella entra le dije a Víctor: ‘no le pare bolas, si va a pegar ella, que pegue; si vas a pegar tú, que pegues’”, afirma Fernando.

Esnelda le enseñó al conjunto la cumbia ‘El pollerón’, pero no casó con la guitarra de Fernando y este decidió meterle bullerengue y así se grabó esta pieza, que fue muy escuchada en Argentina y que dejó encantado a Félix Butrón, el de la disquera, a tal punto que no le hizo fuerza a ‘La mujer ajena’.

Esta última entró al estudio y conoció la aguja del tocadiscos por la –digámoslo así- intransigencia del director Fernando, que la había compuesto cuando andaba con su guitarra por las calles de Barranquilla.

“Cosas mías, de hace mucho rato, por allá en los años 60, 70. Como andaba tocando guitarra, miré ese problema del que se hablaba en los barrios de que la mujer ajena es sabrosa (risas). Ahí empecé yo a hacerle los arreglos, a buscar la rima para que llegara a ese estilo, a ese ritmo. Cuando sale, el señor Félix no quería esa canción, nadie la quería, porque el estilo no era conocido y mire hoy día…”, cuenta Fernando.

Pero para llegar a ese estilo –por el que muchos creían que eran jamaiquinos- Fernando tuvo largas conversaciones con su guitarra. ‘La mujer ajena’ la presentó por primera vez, antes de crear el grupo, en un concurso en una emisora en Barranquilla, pero con una melodía nada atractiva, que no invitaba al baile.

“Cuando armamos el grupo, que empezamos a analizar el tambor, la guitarra, yo dije: ‘vamos a hacerla así (tararea el ritmo de la guitarra)’. Y me dijeron los -muchachos que eso parecía un paseo, que no iba a servir. Me paré firme y les dije: ‘La vamos a hacer así, porque soy el director’. Si no soy el dueño del grupo, no se hubiera grabado de esa manera”, señala.

Otra decisión determinante que tomó fue la de cederle a Víctor Valdez la canción para que la cantara junto a Esnelda Teherán, pues cada uno tenía tres números grabados y Víctor era la voz principal.

Estos pequeños detalles, sumados a la interpretación magistral del saxofón por parte del maestro cartagenero Michi Sarmiento, hicieron de ‘La mujer ajena’ un éxito perenne de la música caribeña y, en especial, del Carnaval de Barranquilla, donde año tras año resuena en la radio, las verbenas y en cualquier esquina.

Michi Sarmiento tampoco aparece en los créditos del elepé, una vieja costumbre que le ha costado reconocimientos a grandes de la música como él.

Fernando, en cambio, sabía que tenía en sus manos un éxito seguro y luego de lo ocurrido con ‘A pilha la roz’, decidió que sus canciones, así no las cantara él, tenían que aparecer con su firma de autor. Por eso su nombre se menciona en tertulias de coleccionistas, en las cofradías de melómanos, en las presentaciones de canciones que hacen los locutores de radio.

Eso contrasta con el anonimato en el que vive en el barrio California, en el suroccidente de Barranquilla, donde sigue cantando y componiendo. Hace un par de años lanzó dos sencillos con su Conjunto Son San: ‘La pulga’ y ‘Si tú no me quieres’ (así aparecen en YouTube).

También continúa ganándose la vida como mecánico automotriz. Parece que nada ha cambiado en la vida de aquel jovencito de la guitarra. La música seguirá siendo su gran pasatiempo hasta que la vida le diga “adiós mariposa, que te guarde el cielo”.

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