Juan Guaidó se juega su futuro ante el asedio chavista.

«Insto respetuosamente a la comunidad internacional y a los organismos multilaterales a poner especial atención a Venezuela durante este importante día». El Parlamento venezolano, único poder del país que no ha caído en manos del chavismo, se juega este domingo su futuro con una sesión en la que todo puede suceder, hito inédito sólo posible en revolución.

La oposición parte con 93 diputados, los que respaldaron a la unidad democrática a finales de año pasado en el hemiciclo. Juan Guaidó, quien ha alertado al mundo con la frase que abre esta crónica, necesita al menos un quórum de 84 parlamentarios para iniciar la sesión donde debería obtener la reelección pactada entre una veintena de partidos opositores.

En otro país del mundo las cuentas estarían claras. No en Venezuela. «Las medidas coercitivas» contra los diputados puestas en marcha por el Gobierno de Nicolás Maduro para torcer la voluntad popular incluyen la ilegalización de los partidos políticos (los cuatro principales más la propia Unidad Democrática), la violación del recinto de la Asamblea Nacional, el soborno a parlamentarios, persecución, imputación de delitos infundados, violación de la inmunidad parlamentaria y ejecución de detenciones arbitrarias que los han forzado a la clandestinidad, al refugio y al exilio, según recoge el comunicado hecho público por el Gobierno interino de Guaidó.

Todo esto se ha multiplicado en los últimos días, incluido el encarcelamiento del diputado Gilber Caro, un voto menos, y las órdenes de captura contra una decena de asambleístas. El alcance de la Operación Alacrán (compra de voluntades a través de millonarios boliburgueses, enriquecidos por su cercanía al poder bolivariano y a costa de un país empobrecido) es desconocido, más allá de otra decena de diputados señalados e incluso bajo investigación. De puerta a afuera, el equipo de Juan Guaidó y los partidos que le respaldan aseguran que les salen las cuentas, aunque el nerviosismo cunde con el paso de las horas.

Distintos dirigentes se han volcado en los últimos días para asistir a los diputados que viajan desde dentro del país hacia Caracas, hasta conseguir que la mayoría pernoctara anoche en la capital criolla. También se ha desplegado una estrategia conjunta para acceder hoy al Palacio Legislativo. Los diputados temen que les dificulten su entrada a la Asamblea Nacional, algo ya tradicional, y que los radicales del Gobierno vuelvan a tomar con su violencia los alrededores del Parlamento.

También es una incógnita cuál será la actitud de los 50 diputados revolucionarios que han regresado a la Asamblea Nacional por orden de Maduro, incertidumbre que se extiende a radicales opositores, diputados afectados por los sobornos y los cercanos al Palacio de Miraflores, como Timoteo Zambrano, el hombre de confianza del ex presidente de Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero en Caracas.

El objetivo inicial de la oposición es conseguir el quórum necesario con la presencia in situ de los diputados, pero la operación va más allá de Caracas. La oposición ha dispuesto al menos dos comandos de votación en el exterior para la treintena de diputados exiliados. Los parlamentarios refugiados en la región se concentrarán en Bogotá, desde donde seguirán la sesión e intentarán conectarse vía Skype.

Los de Europa han elegido un hotel madrileño para dar su apoyo a Guaidó y consolidar así la votación. Estos apoyos son posibles gracias a la reforma del reglamento que permite el voto telemático, aprobada en la Asamblea Nacional pero que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Maduro ha decretado «nula de toda nulidad».

En Madrid ya se encuentran Mariela Magallanes y Américo de Grazia, dos diputados de La Causa R exiliados en Italia tras permanecer refugiados en la Embajada del país italiano en Caracas. Otros seis parlamentarios suplentes les acompañarán este domingo durante el pleno de «larga distancia»«Dios quiera que no se pierda la Asamblea Nacional», imploró el jesuita José Virtuoso, rector de la Universidad Católica Andrés Bello.

El clero católico, la institución más respetada del país según las últimas encuestas, ha apostado por la permanencia de Guaidó al frente del Parlamento y de la presidencia encargada.

«Nunca he considerado que Juan Guaidó tenga fácil su reelección, depende de muchas circunstancias. El Gobierno está empeñado en quitar diputados allanando inmunidades o con detenciones. Puede obstruirles el paso por las ciudades en las que están, incluso el gobierno puede tratar de impedir el voto vía satélite. Es una elección interna asediada por el gobierno y por algunos sectores opositores», resume el politólogo Luis Salamanca, ex rector del CNE.

Más allá del resultado de la sesión parlamentaria, la hoja de ruta de Maduro pasa por adelantar las elecciones legislativas a como dé lugar, ya sea a través del TSJ o de la Asamblea Constituyente, el órgano bolivariano impuesto a la fuerza que se ha apropiado de las funciones del Parlamento. 

Los grupúsculos opositores que negocian con el gobierno ya se preparan para esos comicios, a los que pretenden llegar con un Consejo Nacional Electoral (CNE) reformado tras fracasar con su promesa de que sus aliados del Gobierno excarcelarían en Navidad a los presos políticos.

*Tomado de El Mundo.

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